Se le ocurrió pensar que el amor del pintor por ella sólo podía basarse en alguna confusión y le preguntaba a veces por qué la quería. Él le contestaba que la amaba como el boxeador ama a la mariposa, como el cantante al silencio, como el ladrón a la maestra rural; le decía que la amaba como el carnicero ama los ojos atemorizados de la ternera y elr ayo a la quietud de los tejados; le decía que la amaba como se ama a la mujer querida, arrancada de la estupidez de su hogar.
La vida está en otra parte
Milán Kundera