Soy una llorona, siempre lo fui. Debo haber sido una niña insoportable, totalmente engreída, recurriendo al llanto para todo (pobre de mí cuando tenga hijos), pero sé que soy así.
Y además, lloro por cualquier cosa romantica o tristona. Lloré cuando entendí que la canción de Nido que siempre cantaba decía que La Catalina se re encontraba con su esposo perdido de hace tantos años, lloré en la misma época cuando me quise llevar una escoba chiquita (que iba perfecta con mi disfraz de bruja) y me dijeron que eso no se hacía. Me sentí tan culpable que lloré toda esa tarde. Cuando mi madre viajaba y volvía a Lima, lloraba de felicidad cuando la abrazaba; cuando mi bola se iba a tarapoto, lloraba cantando una cancion en mi cabeza que yo misma iba inventando mirando por la luna del carro. Lloraba cuando a mi hermana le compraban algo por su cumpleaños y a mi no me regalaban nada. Lloré viendo el Rey Arturo en una escena en que tiraban un caballito de madera al jardín y se mojaba por la lluvia.
Ahora también lloro. Lloro a veces cuando hago el amor, y lloro cuando estoy sola y siento que las cosas van mal. Lloro de frustración cuando me cargo de trabajo en la universidad y lloro cuando mi padre me clava la mirada porque no está de acuerdo conmigo, lloro cuando me habla entre dientes y lloro cuando hace llorar a mi hermana a punta de sermones. Lloro en cualquier película de amor, como lloré en antes del amanecer y cuando muere Jack en Titanic la segunda vez que la vi, y lloro cuando La Princesita dibuja un círculo en el ático para protegerse porque su padre murió. Lloro mucho pero prefiero que nadie me vea, porque sé que soy emotiva pero quiero parecer más fría. Si lloro frente a mi padre quedo como inmadura, si lloro frente a mi enamorado quedo como una niña, me gusta llorar pero prefiero hacerlo sola. Sin que nadie me escuche, como ayer frente a la computadora, como ayer casi todo el día.
8.28.2006
a la/s
7:40 a. m.