La del espejo
Hoy en la mañana, la maldita del espejo me sacó en cara todo lo que yo nunca quiero aceptar. Me dijo que mi peinado es despeinado, que mi gimnasio no está funcionando, que si sigo rompiendo la dieta (como la rompí comenzando el día, en el desayuno) nunca logré darle curvas a mi cuadrada figura. Sumado a esto, la otra del espejo me mostró las marcas en mi caara, las que tengo de hace poco, las que tengo de hace tiempo. Me mostró las manchas de mi espalda, los rollos que salen cuando trato de verlas y una vez que los tapo con un polo, los rollos que sobresalen como si quisieran también verse en el espejo. Me pongo un pantalón nuevo y me doy cuenta que ningún pantalón me va a quedar jamás, que mis piernas son muy flacas, mis caderas perfectas pero no en proporcion a las piernitas, mi trasero inexistente, y mis caderas bajas... jajaja, vaya eufemismo para los rollos.
Me hace probarme mil polos, mil pantalones. Temino poniéndome lo mismo de siempre, mi ropa de batalla, mi "así pasas piola". Guardo entonces los 400 soles de ropa que gasté en el esperado cierrapuertas. La guardo en un mismo cajón, arrugada como si no me interesara lo que ayer me parecía una especie de premio por este año, porque no la necesito hoy que me siento gorda.
Al final de esta batalla con la otra del espejo, me doy cuenta que no puedo evitarla, que no puedo matarla ni negarle la existencia. Le busco una solución pero no aparece. Opto por la depresion, por los "estoy gorda", "maldita la hora que decidi no levantarme para ir al gimnasio", "me quedarán laxantes?". Quizá debería conseguir un espejo que adelgace la figura o conformarme un poco, que lo compre a quien le guste y si nadie lo compra, seré yo la que elija. Maldita, no podrás conmigo.
12.17.2005
a la/s
12:30 a. m.